Domingo Sep 05

Historia de la Liga Evangélica de Cuba

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Recordando los inicios de nuestra iglesia y obra misionera en Cuba

Más de 50 años vividos que muestran labor, esfuerzo y como ejemplo, la fidelidad de siervos que muchas veces con lágrimas, y siempre con la fe como estandarte en las batallas, impulsaron una parte del camino.

En la década de los años 50 el fundador y Presidente de La Liga Evangélica Internacional, el Reverendo E. G. Anderson, incansable propulsor de la obra Misionera en el Mundo, llega a Cuba siguiendo en pos de su visión de fundar y apoyar Iglesias. Fue entonces en esos años cuando se viera cobrar a vida una congregación, que cobijada bajo techo de madera en un lugar común de la capital de Cuba, diera sus primeros pasos en la Obra del Señor; con su primer Pastor Danilo Gonzálo y patrocinado por el mencionado Reverendo. Durante cuatro años ese lugar se fue adaptando y agrandando de acuerdo con el crecimiento que Dios daba a aquella labor. Entonces, se solicitó la construcción de un Templo basto y acogedor, que se alzara como Luz del Evangelio a las Almas perdidas en el pecado; a partir de Julio de 1953 fueron dirigidos todos los esfuerzos para lograr esta visión. La declaración de los dedicados a la tarea fue “Dios puede lograrlo, si todos cooperamos, el Templo se hará”. Y así el 18 de Septiembre de 1954 se levantó en una de las calles de Marianao, el Templo de la Liga Evangélica de Cuba, el sitio donde retumbarían las verdades de Dios y el maravilloso mensaje de Salvación. En 1962 un nuevo Pastor toma el mando de la pequeña Iglesia, Eugenio Castañeda, quien estuviera pastoreando por cuatro años a los fieles que se congregaban.

Para 1966, el Pastor Alejandro Nieto Campos, se hace cargo del rebaño de la Liga junto a su esposa Esther, le tocaría a esta pareja de siervos de Dios llenos de amor, dedicación, y entrega y a aquella generación de valerosos cristianos continuar la senda enfrentando los nuevos retos de un período que se levantó cual Goliat amenazante desafiando a la joven congregación. Fueron años difíciles para los Pastores, líderes, y la Iglesia Evangélica en general, razón por la cual se viera obstaculizado el desarrollo exitoso de la labor misionera y evangelística que ardía dentro del corazón de la Iglesia. Pero si hubo un gigante desafiando, también existió un David que aunque pequeño, supo dar el frente y levantar su honda para derribarlo; y fueron esos valientes cristianos de aquellos años, su fe inquebrantable, su profundo amor por el Señor, sus continuas y fervientes oraciones conjugadas con lágrimas, los que prepararon el camino para el avivamiento precioso que en los años posteriores y hasta la actualidad estaría viviendo. Las complejas circunstancias no causaron desánimo ni menguaron la pasión de aquella generación, que sin ser mucha, decidió pagar un alto precio; mas Dios recompensó sus esfuerzos fortaleciendo sus vidas, mostrándoles a través de sueños, visiones y profecías los frutos de las semillas que con lágrimas ellos sembraron.

Al iniciarse la década de los 80, específicamente en el año 82, inicia el Pastorado de nuestra Iglesia Alejandro Nieto Selles (hijo), un joven de 22 años que lleno de pasión y amor, unido a su esposa Alida León Báez continuaría la marcha indetenible de la Iglesia hasta nuestros días.

En 1985 un grupo de hermanos, junto al Pastor, se encontraban orando al Señor alejados de la Ciudad, es allí donde Dios muestra una visión que posteriormente sería más que una bella frase, la visión inspirada por Dios que guiaría nuestros sueños y la labor misionera de nuestra Iglesia: “Cuba para Cristo”, la nueva causa de nuestras oraciones, desvelos, planes, metas y trabajo diario.

Es así que, a finales de los 80 y principio de los 90, nuestra Iglesia junto a otras en el país comenzaron a experimentar una visitación poderosa del Espíritu Santo acompañada de una ola de milagros, prodigios y sanidades.

Como producto de estas nuevas experiencias, no eran pocas las almas que a diario venían a los pies de Jesús, era evidente el número creciente de personas que reconocían a Jesús como su único Señor y Salvador tanto en los Cultos como en los Evangelismos en las calles. Eran las primeras lloviznas del Avivamiento esperado.

Lamentablemente, mucha de esa cosecha se perdió, entendimos que no era tarea de un solo hombre llevar todo el peso de la Obra, se necesitaban levantar más líderes que ayudaran a sustentar el trabajo. Así se obtuvo con el tiempo una cantera de líderes, donde muchos se convirtieron en pastores y misioneros que ayudaron a extender nuestras estacas.